HACIA
UN ENTENDIMIENTO DE
SALANGO PRE-COLOMBINO
Dr. Richard Lunniss
Investigador Arqueológico, Museo Salango
Salango.Nombre de un pueblo pesquero
de la costa sur de la provincia de
Manabí.
Nombre de un sitio arqueológico
y de un museo de fama internacional.
Nombre que remonta a los tiempos cuando
todavía
el idioma español no se había
escuchado en lo que hoy es el Ecuador.
Nombre que para la gente precolombina
se asociaba con una isla sagrada y
una diosa
poderosa.
¿Qué se oculta
atrás
del nombre mismo? ¿Por qué trajeron
esos Manteños sus ofrendas al
santuario isleño? ¿Cómo
se explica la mística del lugar,
tal que aún
cuando lo dejamos, parece seguir y
encantarnos?
Para contestar estas
preguntas, podemos empezar
por considerar cual clase de lugar
es Salango. Primero, está situado
en el filo del continente, un pequeño
apoyo en la tierra firme, casi volcado
a las aguas del océano por los
cerros emboscados que lo rodean. A
poca distancia,
se levanta la Isla Salango, contrapeso
para la Punta Piedra Verde que define
el punto sur de la bahía. Entre
isla y punta, las aguas poco profundas
de los
estrechos están interrumpidas
por arrecifes de dura piedra volcánica,
alrededor de los cuales las olas eternamente
se elevan y se quiebran.
Estos factores
en sí serían
suficientes para que Salango sea visto
por cualquier indígena precolombina
como lugar de gran poder. La isla,
los estrechos y la espuma de las aguas
sobre
las rocas, el espacio apretado de una
playa donde la tierra y el océano
se chocan, estos son todos puntos críticos
donde lo humano y lo mundano se encuentran
con y están amenazados por los
habitantes de los mundos de los espíritus.
Y si por acaso todo
eso no fuera suficiente para confirmar tal
evaluación,
había
también la riqueza increíble
de la fauna marina alrededor de la
isla: ballenas majestuosas, manta rayas,
delfines,
lobos marinos, atún, langosta,
pulpo, estrellas del mar, ostras, sin
hablar de
los cientos de pelícanos y piqueros
de patas azules que devoran los peces
pequeños
en sus espectáculos de rapiña.
Verdaderamente,
un lugar digno de admiración
y de reverencia. Aguas tumultuosas
y generosas. A la vez, el dominio de
espíritus
hambrientos y exigentes. Eso es lo
que nosotros mismos debemos ver para
entender
la historia del lugar como está representada
por el sitio arqueológico, en
particular por el centro sagrado que
fue Salango durante
los 1200 años desde 600 aC hasta
600 dC.
Salango ya había sido
asentamiento humano a través
de más de
2,500 años cuando se erigió la
primera casa ceremonial de madera del
período
Engoroy Medio sobre su piso de arcilla
amarilla, a unos pocos metros desde
la playa al pie de la Punta Piedra
Verde.
Gente Valdivia había venido
acá para
cosechar los recursos marinos, propiciando
los espíritus con ofrendas de
caracol y de madre-de-perla, invocando
con diseños
de aplicado en su cerámica la
más
famosa de todas las bivalvas, la ostra
espinosa, Spondylus. Más luego,
gente Machalilla establecieron una
aldea pesquera prospera, y a su asentamiento
vinieron piedras preciosas, símbolos
de tierras lejanas y de gentes extrañas
que vivían días, semanas
o hasta meses de viaje más allá de
las fronteras de su propio mundo conocido.
Y a las profundidades del suelo entregaron
los cadáveres envueltos de sus
muertos.
Al empezarse, entonces,
la ocupación
Engoroy Medio de Salango, los habitantes
de la zona ya tenían una rica
tradición
de historia, de mito y de leyenda para
ayudarles a entender el lugar con sus
ancianos poblados, sus aves y sus animales,
y sus
espíritus. Y lo que observamos
dentro de los próximos doce
siglos es una secuencia de construcción,
no solamente de plataformas y edificios
materiales,
sino también de representaciones
simbólicas de la unión
entre el pasado mítico, el mundo
natural, y los nuevos órdenes
sociales que estaban en el proceso
de emerger. Encima
de este trozo de tierra al lado del
vasto océano fue creado un dramático
y cargado escenario arquitectural para
la actuación de ritos poderosos
en los cuales los vivos pedían
la ayuda de los ancestros y de las
criaturas
míticas del mundo espiritual.
El
centro ceremonial en cualquier momento
tenía como enfoque principal
un pequeño espacio central,
de contorno rectangular, que al inicio
medía
alrededor de 11 m por 10 m, y terminó alcanzando
14 m por 16 m. Este espacio fue sujeto
a diseños diferentes, y tenía
diferentes funciones, según
evolucionaba el centro.
Durante los
primeros 500 años,
el proceso de construcción vió el
desarrollo de una plataforma baja,
con piso central de arcilla amarilla,
y, alrededor
de esto, un piso exterior de arcilla
marrón
rojizo cuya ampliación gradual
marcaba la expansión de la importancia
del sitio. Ofrendas de diferentes tipos
fueron
depositadas en y alrededor de la plataforma.
Y, hacia el final de este período,
se utilizó la zona trasera como
cementerio. Durante los subsecuentes
300 o 400 años,
cuando el control sobre el sitio pasó a
las manos de gente afiliada con ellos
grupos de la cultura Bahía que
manejaban la zona de Manta, ritos funerarios
constituyeron
la actividad primordial del sito, y
se construyó un cementerio de
la élite
encima de la plataforma anterior. Alrededor
del espacio central, se elevaron muros
bajos de arcilla, mientras más
allá de
esos muros se erigieron postes altos
de madera, tal vez pintados o tallados
con
figuras de espíritus guardianes,
y alrededor de todo esto, se extendió el
piso de la plaza. Y cuando, cerca 300
dC, el control del centro cayó a
gente de la cultura Gaungala Media,
se tapó el
cementerio y se lo utilizó como
cimiento para una nueva serie de plataformas.
A
través de su historia, el centro
ceremonial era concebido como modelo
del cosmos. Y, no obstante los cambios
y las
diferencias de su apariencia, ciertos
principios se mantuvieron. Por ejemplo,
el sitio se
alineaba consistentemente hacia el
noreste, en cual dirección quedaba
su entrada principal. Muchos de los
rasgos mayores
asociados con el espacio central respetaron
este eje, o, si no, se establecieron
en una línea perpendicular noroeste-sudeste.
Observamos el uso de arcillas de distintos
colores para diferenciar el sagrado
espacio central desde el exterior profano.
Las
superficies elevadas de las plataformas,
y los postes de madera de la superestructura
y de las cercas sirvieron para aún
más separar el centro del mundo
de afuera.
La dimensión vertical
también
se definió, de tal manera que
los pisos de las plataformas representaban
la superficie de la tierra, separando
los
demás espacios del inframundo
y del cielo. Los postes, pegados profundamente
en la tierra, elevándose altos
hacia los cielos, funcionaron como
axes mundi
que interconectaban estas diferentes
dimensiones. Y hasta el sitio se trajo
para su enterramiento
aves y animales, piedras exóticas,
figurines y artefactos de diferentes
materiales, y los muertos humanos con
sus ajuares,
todo con su propio significado simbólico
y su propio poder espiritual.
Así fue
que, pasando los años,
el sitio se hizo un lugar cada vez
más
rico. Al significado inherente de la
ubicación
físico-espiritual, y al significado
estructurado que se incorporó en
el diseño arquitectural, se
agregaron los valores materio-simbólicos
de los objetos depositados en el suelo.
Con
la adición de cada nueva forma
y cada nueva sustancia, el centro se
hizo
una representación más
completa y potente del cosmos. Y con
cada entierro
humano, se mandó un nuevo emisario
para interceder en el mundo de los
ancestros. El tamaño actual
del sitio desmiente su significado
universal.
Salango, como
centro ceremonial, era un escenario
para ritos. Estos ritos, sean
relacionados con el entierro humano,
la construcción de un edificio,
una expedición para la pesca,
la curación
de un enfermo, o un rito de pasaje,
se realizaron como recreaciones de
los acontecimientos
míticos que dieron orden al
mundo. Más allá, se emprendieron
los ritos bajo la convicción
de que las personas involucradas verdaderamente
se hicieron la gente o los espíritus
involucrados en el evento mítico,
y que el lugar donde se actualizaron
los ritos, el centro ceremonial de
Salango,
era no solamente una representación
del cosmos, sino que se hizo el cosmos
mismo.
Esta percepción no era única.
Es característica de los centros
sagrados indígenas de todos
tiempos y de todas tierras. Eso es
lo que hace
tan importante para nosotros hoy en
día
conocer el sitio arqueológico
de Salango. Consta como ejemplo particular
de valores universales que han formado
tanto la historia humana. Tan pocos
son
los sitios ceremoniales precolombinos
que han sobrevivido, aún menos
aquellos que se hayan investigado antes
su lamentable
destrucción o perdida. Pero
a través
de Salango y los demás sitios
que sí se han documentado, podemos
discernir las trazas de las mentes
complejas y los
espíritus creativos de quienes
tantos años atrás poblaron
la costa pacifica del Ecuador.